La reproductibilidad técnica y la transformación del arte, la música y la sociedad según Walter Benjamin
La reproductibilidad técnica y la transformación del arte, la música y la sociedad según Walter Benjamin
Walter Benjamin analiza la historia del arte a partir de un punto de quiebre: el momento en que la obra se vuelve técnicamente reproducible. Para él, esta transformación no es solo estética, sino histórica, perceptiva y política. La reproducción técnica modifica la relación entre la obra, el espectador y la sociedad.
La pérdida del aura
Benjamin define el aura como la “manifestación irrepetible de una lejanía, por cercana que esta pueda estar”. La obra de arte tradicional posee un aquí y ahora irrepetible, ligado a su unicidad, su autenticidad y su inserción en una tradición.
La reproducción técnica —grabado, fotografía, cine, disco— elimina ese aquí y ahora. Al multiplicar la obra, se destruye su unicidad y, con ello, su aura. La obra deja de existir como objeto singular y pasa a circular como copia.
Esta pérdida no es un accidente: es el resultado directo del progreso técnico.
Del valor de culto al valor de exhibición
Benjamin sostiene que el arte nace ligado al ritual. Su función original no era ser visto por muchos, sino existir para el culto. De ahí su carácter único y su inaccesibilidad.
Con la reproducción técnica, el valor de exhibición reemplaza al valor de culto. La obra ya no existe para un ritual, sino para ser mostrada, reproducida, difundida. Cuanto más se exhibe, más cumple su función.
Este desplazamiento es central para entender la música grabada y el cine, donde la obra existe principalmente para ser reproducida ante las masas.
Música y reproductibilidad
Aunque Benjamin no desarrolla un tratado específico sobre música, su teoría se aplica directamente a ella. La música grabada rompe con la experiencia irrepetible del concierto. La ejecución única cede ante la repetición infinita.
La obra musical se emancipa del espacio y del momento. Ya no depende del aquí y ahora del intérprete. La escucha se vuelve fragmentable, repetible, portátil. Esto modifica la percepción: el oyente ya no se sitúa ante una presencia única, sino ante una reproducción.
La música, como el cine, se integra a la lógica técnica de la repetición.
Transformación de la percepción
Benjamin afirma que cada época histórica produce un modo específico de percepción. La reproducción técnica altera la manera en que las masas perciben el arte.
La percepción se vuelve distraída, no concentrada. El cine es el ejemplo clave: el espectador no contempla, sino que recibe una sucesión de choques visuales. La música reproducida acompaña esta nueva forma de atención dispersa.
No se trata de una degradación, sino de una transformación histórica de la sensibilidad.
Arte, masas y política
Uno de los núcleos del pensamiento de Benjamin es la relación entre arte y política. La reproductibilidad técnica permite que el arte llegue a las masas, pero también que las masas se reconozcan en él.
Benjamin distingue dos caminos:
El fascismo, que estetiza la política.
El comunismo, que politiza el arte.
El cine y la reproducción técnica pueden ser instrumentos de dominación o de conciencia, dependiendo de su uso. La técnica no es neutral: su sentido es histórico y político.
El actor, el músico y la mediación técnica
Benjamin señala que en el cine el actor pierde su presencia directa ante el público. Actúa para la cámara, no para el espectador. La mediación técnica se interpone.
Esto puede trasladarse a la música grabada: el músico ya no se presenta ante el oyente, sino ante un dispositivo técnico. La relación directa se rompe, y con ella la experiencia aurática.
Conclusión
Para Walter Benjamin, la reproductibilidad técnica no destruye el arte, sino que lo transforma radicalmente. Disuelve el aura, desplaza el ritual, modifica la percepción y reconfigura la relación entre arte y sociedad.
El arte reproducido ya no pertenece a la tradición, sino a la historia. Ya no se funda en el culto, sino en la exhibición. Ya no interpela al individuo aislado, sino a las masas.
Esta transformación no es reversible. Es el signo de una nueva época.
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